
Comité organizador
Maribel Valiente González
Albaceteña de origen, residente en el Centro de Salud de Cartuja (Granada) desde hace siete años con dos criaturas mediante y el final de la residencia en el horizonte próximo. Haciendo malabares entre la crianza, la tesis, el trabajo y evitar la tendencia a quedarse en lo previo con la que (ya) se nos está viniendo encima. ​
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Estoy investigando sobre las diferencias en la distribución de recursos humanos en Atención Primaria por áreas de deprivación y/o ruralidad, valorando si una vez más se cumple la ley de cuidados inversos que veo todos los días en la consulta. Me siento afortunada por poder aprender de quienes acuden al centro de salud, presenciar cada día tantas vidas y formas de lidiar con ellas, resolver algún problema clínico que sería imposible de diagnosticar sin una relación previa u observar cómo lo cotidiano impregna la salud y la enfermedad. Intento recordar también que esto desaparecerá, junto a todo lo demás, si no seguimos apostando por la Atención Primaria en particular y la democracia en general. Nuestra época hace coros a Nacho Vegas cuando canta “va ganando el mal, lo siento mucho pero gana el mal”. Tendremos que cantar más fuerte esa otra de “nos quieren en soledad, nos tendrán en común”.
Daniel García Blanco
Estudié medicina, aunque me pasé toda la carrera queriendo cambiar a otra en la que sintiera que encajaba más: psicología, educación social… Pero sobre todo en ese tiempo comencé a asomar la nariz por ATD Cuarto Mundo, que ha sido mi espacio principal de aprendizaje y compromiso durante muchos años. Allí he podido ir aprendiendo a escuchar primero, a dialogar después, y en los últimos años he ido tratando de formarme y experimentar sobre todo en torno al Cruce de Saberes y Prácticas, una metodología de co-investigación y co-formación entre personas en pobreza, profesionales y académicxs. En esa línea, uno de los frutos más importantes ha sido el proyecto de Comunidades Activas en Salud y los materiales y redes que se generaron en torno a él.
También he tenido la suerte de haber trabajado e investigado bastante en la cuestión de la Acción Comunitaria en Salud, sobre todo junto a Jara Cubillo y Mariano Hernán, participando en la elaboración de varios materiales y en formaciones sobre este tema.
Con la pandemia retorné a la práctica clínica, en el mismo centro en el que me había formado (al lado de un gigante, por cierto, Juan Luis Ruiz Jiménez), el CS Vicente Soldevilla (Vallecas, Madrid), donde he descubierto, al fin, que desde la consulta es mucho lo que puedo ofrecer y lo que me apasiona, y aunque me tuve que ir del centro debido a que el abandono por parte de la Gerencia hizo el seguir allí insostenible, continúo en el mismo barrio, el de San Diego, desde un centro vecino, el CS Martínez de la Riva, empeñado en construir salud desde y con la comunidad. En ese espacio seguimos construyendo redes de aprendizaje entre profesionales y con las vecinas, donde toca seguir aprendiendo y disfrutando del encontrarme con nuevxs y viejxs compañerxs de camino en estas búsquedas.
Lourdes Luzón Oliver
Natural de Albacete, donde estudié la carrera de medicina y viví hasta los 24 años, cuando partí, llevada por mi intuición y por las ganas de tener vida propia y de comerme el mundo, a realizar la residencia de MFC en Zaragoza, en el Centro de Salud de San Pablo, donde tuve la suerte de trabajar con un equipo de profesionales excelentes en el corazón del casco histórico de Zaragoza y con una población muy rica y diversa, clase media, clase baja e inmigrantes. Eso me llevó a enredarme en otros compromisos con población inmigrante, tanto de investigación, con Luis Gimeno, como de voluntariado con Médicos del Mundo con quienes me enredé con proyectos de,d inmigración, de prostitución, y de cooperación al desarrollo que me llevaron a pasar dos meses en Mueda (Mozambique).
Y así, he ido transitando por diferentes escenarios, como médica de familia en ámbitos urbanos y rurales, hasta trabajar durante cinco años como una de las coordinadoras del Programa de Residencia de Medicina de Familia de Rio de Janeiro (Brasil) en el contexto de una reforma sanitaria, un sueño que ni se me hubiese ocurrido que pudiera ser real.
Otro regalo de la vida ha sido trabajar de la mano de Abel Novoa en los tiempos más duros de la pandemia en los que trabajamos tanto a nivel comunitario con poblaciones vulnerables, como en los centros de mayores de la Región de Murcia, garantizando la asistencia de los mayores en esos tiempos tan oscuros. En Murcia me quedé, y desde abril 2022 volví a desempeñar funciones de médica de familia en un contexto con un 30% de inmigración. Desde entonces trabajo con el cuarto mundo, en un área muy empobrecida e invisible, enfrentándome a situaciones propias del primero. La atención primaria me sigue pareciendo cada día más desafiante. El contacto con la naturaleza me hace sentirme viva. Me gusta mucho el cine independiente y crítico. Cuanto más mayor me hago más tengo la sensación de que más cosas tengo por aprender de la medicina y de la vida. Y como diría Jorge Drexler me siento “de ningún lado del todo, de todos los lados un poco”
Cristina Barrios Vara
Nací en Zamora y, como lugar referente de la España vaciada, itineré por la península buscando mi futuro: Licenciada en Medicina por la Universidad de Valladolid, especialista en Medicina Familiar y Comunitaria en Murcia y, actualmente, continúo mi formación profesional en Madrid. Esta especie de vida móvil también la traslado a la especialidad pasando, desde hace 4 años, del Centro de Salud al mundo de la Emergencia: trabajo en SUMMA112, “las ambulancias”.
Ahora veo el mundo de “La Primaria” desde otro punto de vista totalmente distinto.No puedo evitar dedicar parte de mi tiempo al mundo del arte, soy actriz de teatro físico (tristemente, muy poco desarrollado y valorado en España) e intento moverme por los mundos de la música, sobre todo de Nueva Orleans. Tal vez por eso varias pasiones han confluido en el proyecto “1 cada 8 horas” del que formo parte desde hace años que, aunque ahora suspendido en el tiempo, se ha centrado en la comunicación audiovisual, grabación de documentales y creación de contenido creativo en estrecha relación con la Atención Primaria.
Almudena Morán García
Nací en Madrid hace ya casi 30 años, enfermera de profesión. Empecé la carrera de enfermería con la firme intención de convertirme en matrona, pero a lo largo de esos 4 años de carrera descubrí el fascinante mundo de la enfermería familiar y comunitaria.
Así terminé haciendo mi residencia en El Pozo del tío Raimundo (Vallecas, Madrid), aún más enamorada de este mundo y está forma de hacer enfermería. En 2022 y tras comprobar la inestabilidad laboral de nuestra especialidad decidí probar suerte en un mundo muy diferente y a la vez muy parecido que es el de Instituciones Penitenciarias. Desde 2023 pues soy “enfermera taleguera” y actualmente trabajo en Córdoba.
Gemma Torrell Vallespín
Estudié medicina un poco porque la nota que saqué me lo permitía, un poco porque contenía el aura de los misterios por resolver. Elegí medicina de familia sin convicción, pensando en que esa elección, constituía un fracaso. La residencia me llevo al barrio del Raval (Barcelona), un barrio donde entonces convivían un alto porcentaje de personas migradas junto con personas cuya historia de vida se entrelazaba con la dinámica de un barrio portuario y pobre, donde en los años previos a empezar la residencia la droga había hecho múltiples estragos y muchos años antes, la farándula y la prostitución habían tenido su esplendor. Ahí un montón de profesionales y pacientes me ayudaron a ver no solo que no me había equivocado en esa elección, sino que el camino que estaba a punto de iniciar era un camino que merecía la pena caminar, disfrutar, vivir, defender. Tenía un sentido. Este es un oficio que no se acaba en la consulta y que, con las dificultades organizativas, gerenciales, políticas, que experimenta el sistema sanitario y las derivas en las políticas sociales, laborales, económicas actuales tiene más sentido que nunca.
Dejé el Raval y me fui a Vilanova i la Geltrú, una población socioeconómicamente diferente, de clase media-alta. Tuve que recalibrar mi objetivo. Pasé de que todo bulto en el cuello fuera una TBC (tuberculosis) extrapulmonar a ver muchos sanos preocupados. Fueron tiempos de otro tipo de aprendizaje, de otro tipo de problemas. Compaginé durante unos años la asistencia y la dirección del equipo, donde aprendí los entresijos del sistema sanitario hasta que volví a Barcelona. Me paré en Montcada i Reixac, una población de nivel socioeconómico bajo, de barrio obrero, de personas que migraron en los años 60-70 de otras poblaciones de la península, con una estructura urbanística peculiar que creo que confiere un tono y unas dinámicas a la población particulares. De nuevo, hubo que ajustar el objetivo para poder enfocar y desenfocar mejor. De sanos preocupados a enfermos no preocupados porque hay otras cosas prioritarias a solucionar en sus vidas (inseguridad económica, laboral, de vivienda, violencia de diferentes tipos).
He ganado conciencia de la inequidad que puede generar el mismo sistema tratando a todos los centros de salud de la misma forma cuando tienen necesidades diferentes y sobre todo de la singularidad que supone el trabajo que llevan a cabo los centros y profesionales que atienden a poblaciones con deprivación económica. Esas tres poblaciones han configurado y enriquecido la manera como veo el trabajo que hacemos y la necesidad de poner palabras y conceptos a la forma en la que pensamos y conceptualizamos lo que hacemos (¡ah! ¡la práctica generalista!), pero también a cómo perfilan nuestro razonamiento clínico. De ahí el interés por transmitirlo en cualquier lugar donde tenga la oportunidad de hablar (docencia, artículos) y de defenderlo (pertenezco al Fòrum Català de Atenció Primària, a No Gracias, al grupo de ética de CAMFIC y SEMFYC). Entre todo esto hay una tesis que me persigue y que debería finalizar más bien pronto que tarde, sobre el valor que damos a la narrativa de los pacientes como fuente de conocimiento en la atención primaria, a propósito de la COVID Persistente.Mis refugios mentales son la literatura y la teoría (teorizar, asociar, conectar conceptos). Intento que la toma de tierra con el cuerpo sea el deporte. Desconecto del ruido externo bailando en la oscuridad. Y me refugio de la intemperie en la ternura de los brazos de mi pareja, familiares y amigos.
César Montero
Empecé a estudiar medicina con un gran desconocimiento de en qué consistía, llevado por ideas un tanto utópicas de lo que sería. Si bien durante la carrera fantaseaba con dejarlo todo y cambiarme, nunca tuve el valor para hacerlo. En ese proceso empecé a encontrar voces disonantes que me acercaron a conocer el mundo desde otras ópticas: el grupo de cooperación y ayuda para la salud (CAPS), el de teatro y muchas personas que admiraba por su forma de vivir y entender la vida.
Cuando llegó el momento de empezar la residencia me quedé en Madrid, de nuevo anclado a la inercia, aunque haciendo la residencia en el CS El Greco aprendiendo de personas que creían profundamente en su trabajo. La medicina de familia me ha permitido integrar mis inquietudes con mi quehacer diario y me siento afortunado de ver el mundo a través de mi consulta. A día de hoy trabajo en el Vicente Soldevilla, en el barrio de San Diego en Vallecas donde recaímos un grupo de seis personas unidas por una visión común de la medicina, pero sobre todo por la amistad que me sostiene en el día a día. Muchas veces querría hacer más cosas y mejor, tanto individual como colectivamente. Admiro mucho a las personas que me acompañan en el día a día y en la organización de este SIAP que son capaces de todo. Mientras tanto, buscando aportar con lo cotidiano.
María Minué
Nací en Madrid hace 30 años y estudié Medicina porque me parecía un trabajo bonito. En su día quería ser internista, pero un breve paso por el mundo de la cooperación me hizo encontrarme con realidades sociales muy diferentes a la mía y pensé que la medicina de familia encajaba mucho más con esta visión “ampliada” de la realidad y la salud. Empecé la residencia en el Pozo del Tío Raimundo en 2020, en plena pandemia de COVID-19, en un barrio con una historia y un sentimiento de identidad comunitaria muy propios y en el que aprendí muchísimo.
Al acabar la residencia, tuve la oportunidad de venir con mis compañeros al turno de tarde de un centro de salud en San Diego, en Vallecas, con quienes comparto el día a día pero sobre todo la esperanza de que hacer medicina de familia sigue siendo posible, y que el trabajo diario y la reivindicación todavía tienen sentido. Entre medias de todo esto decidí empezar una tesis que debería estar mucho más definida en lo que quiere ser, pero que intenta pensar la medicina de familia a través de la sexualidad y lo que ésta tiene de identitario, desde una visión interseccional.En mi tiempo libre me dedico a leer y ahora (desde hace poquito) a tejer.
Pablo Fernández
Mi camino comienza hace casi 28 años en el distrito de San Blas en una familia bastante numerosa y que desde muy pequeño me enseñaron la felicidad que se puede encontrar al ponerse al servicio de los demás. Mis padres son profesores y mis hermanos pequeños van en camino así que supongo que eso viene de familia. En nuestros ratos libres (los domingos por la tarde) intentaban engañarnos para bajar a la parroquia del barrio a jugar con otros niños y bien que me engañaron porque a partir de ahí comenzó una fase de cuestionamiento de la realidad y de la injusticia que duró bastante tiempo (y creo que en el fondo por ahí está) no solo desde el plano de la fe si no también desde el ámbito social, político y humano.
Ahí creo que empezó un poco mi vocación o mi opción por la medicina y es que en el fondo no fue una decisión basada en mi amor por la ciencia médica si no más bien en mis ganas de ayudar a los demás a intentar mejorar un poco sus vidas (un objetivo que ahora lo pienso y quizá fue un poco ambicioso en ese momento).
Tras un año y medio de carrera (que tampoco estaba disfrutando especialmente) encontré una asignatura que me maravilló, Introducción a la Práctica Clínica y ese fue mi primer contacto oficial con la medicina de familia, y desde entonces todo cambió. Se convirtió este en mi principal objetivo y bendito objetivo.
3 años de residencia en la ciudad de Getafe donde he ido dando tumbos por varios barrios solo han servido para confirmarme que efectivamente la opción fue la correcta. Poco a poco y gracias a mis resis mayores he podido aprender qué es lo que significa la atención primaria desde un punto de vista más teórico y es algo que me hace feliz. Así que al final del todo el camino quizá sí fue el correcto.